SECRETARIA DE EDUCACION
PÚBLICA
¨CREN¨ MARCELO RUBIO
RUIZ
LORETO B.C.S
LICENCIATURA EN
EDUCACIÓN PRIMARIA
Capitulo IV
La educación
obligatoria y el optimismo acerca del progreso.
MAESTRA: Alma Delfina
González Mendoza
ALUMNOS:
Ulises Arvizu De Los
Santos
Damaris Martinez
Mayoral
olga Nataly Solorzano loera.
17/10/16.
La educación
obligatoria y el optimismo acerca del progreso.
Es un proyecto optimista que
debe ser extensible a todos, en tanto que se apoya en los valores de la
racionalidad y de la democracia, que eleva la condición humana. Si es un
derecho universal, a nadie se le puede negar.
La creencia en el principio de
que todos son educables en alguna medida
La primera manifestación del
optimismo que se deriva de la idea de progreso se expresa en haber convertido
la educación obligatoria en un derecho de todos, lo cual implica el supuesto de
que todo ser humano puede mejorar, puede ser educado y, por tanto, tiene que
recibir educación. El proyecto moderno de educación es optimista
acerca de las posibilidades de la naturaleza humana, y lo es también desde un
punto de vista histórico, porque contribuye a la liberación exterior del hombre
respecto de poderes que lo hacen “menor de edad”, como pensaba KANT. La
ubicación del individuo en la sociedad y en el mundo queda a merced de lo que
él haga y construya. La educación se ligó estrechamente a la esperanza de la
liberación social de aquellos que obtuviesen los frutos que la educación
promete, configurando una sociedad abierta y móvil, en la que la jerarquía
establecida con respecto al binomio educación-profesión sustituye a las
jerarquías debidas al origen familiar, del que no se liberará del todo. La
educación moderna lleva consigo la promesa de liberar al hombre de las
limitaciones de su origen, porque, desde esa mentalidad progresista, la
circunstancia de haber nacido en un contexto y en unas determinadas condiciones
es algo que se puede corregir, ya que el mundo que nos rodea ha sido construido
y no viene dado por ninguna fuerza inamovible, por el destino o por la
fatalidad, sino que es susceptible de ser vuelto a diseñar, como afirma HELLER.
Lógicamente,
si el mundo puede mejorar, es porque también pueden hacerlo de algún modo los
individuos. Para que esta idea pueda sostenerse necesita de otra certidumbre,
también optimista: la de que los límites de las capacidades psicológicas del
individuo no vienen dados desde su nacimiento.
El proyecto moderno de
educación es optimista acerca de las posibilidades de la naturaleza humana, y
lo es también desde un punto de vista histórico, porque contribuye a la
liberación exterior del hombre respecto de poderes que lo hacen “menor de
edad”, como pensaba KANT.
La educación moderna lleva
consigo la promesa de liberar al hombre de las limitaciones de su origen,
porque, desde esa mentalidad progresista, la circunstancia de haber nacido en
un contexto y en unas determinadas condiciones es algo que se puede corregir,
ya que el mundo que nos rodea ha sido construido y no viene dado por ninguna
fuerza inamovible, por el destino o por la fatalidad, sino que es susceptible
de ser vuelto a diseñar, como afirma HELLER (1998, pág.165)
Este optimismo es el que da
fuerza a la idea de progreso social sin exclusiones. Lógicamente, si el mundo
puede mejorar, es porque también pueden hacerlo de algún modo los individuos.
Para que esta idea pueda sostenerse necesita de otra certidumbre, también
optimista: la de que los límites de las capacidades psicológicas del individuo
no vienen dados desde su nacimiento.
Este optimismo antropológico
parte del hecho básico de la plasticidad humana que se evidencia desde el
nacimiento, la cual se convierte en una posibilidad asentada, paradójicamente,
en la insuficiencia del recién nacido. Plasticidad quiere decir que el ser
humano es moldeable en direcciones diversas en su desarrollo y que, por tanto,
puede ser guiado.Esto no significa sólo indeterminación en abstracto, sino
posibilidades de crecimiento en ciertas direcciones, y que ese desarrollo puede
ser más o menos rápido, que pueda llegar a cotas más altas o más bajas.La
dirección y el grado de incremento de posibilidades lo determinan y le prestan
contenido los ambientes sociales, la cultura, la influencia familiar, etc.Somos
tal como nos han hecho, como ha sido posible
hacernosysegúnnosotroshemosreaccionadoanteesemoldeadoproveniente del exterior.
La escuela es una institución que quiere guiar ese desarrollo de acuerdo con
planes y directrices propios.
La relación entre la
posibilidad del progreso, en general, y el “crecimiento”que en los individuos
provoca la educación no siempre es evidente para todos, en el sentido de que en
la vida social y en el medio escolar, no se acepta siempre que todos estén
llamados a progresar ni, desde luego, que todos pudieran llegar a ser
iguales.La historia de la progresiva implantación de la educación obligatoria
ha tenido que enfrentarse con resistencias que creían poco en la universalidad
de sus potenciales buenos efectos Para las posturas
progresistas, que tienen su raíz en la visión optimista acerca de la bondad
natural de los seres humanos y en la idea de la igualdad entre ellos, los
límites de los sujetos tienen origen cultural y social. La cultura en la que se
nace y de la que se nutre el desarrollo es lo determinante. La mente humana
tiene una base biológica, pero lo que se haga con ella depende de las
experiencias y de la cultura que dan contenidos a las capacidades posibilitadas
por dicha base. El capital cultural externo puede ser apropiado subjetivamente
en forma de capital mental por los seres humanos. La orientación que el giro
cognitivo de carácter culturalista ha otorgado a la psicología ve la mente como
algo que se materializa y se constituye en la cultura humana, especialmente
gracias al lenguaje. El pensamiento abstracto no es otra cosa que lenguaje
interiorizado. Capital cultural subjetivado o competencia cultural adecuadamente
asimilada a modo de saber personal se constituyen en capital mental que se
puede usar de diferentes maneras y en circunstancias muy diversas.
Las consecuencias prácticas
que se derivan de los argumentos desarrollados en este punto se relacionan, pues,
con la necesidad de evitar prácticas que excluyan a sujetos concretos o a
grupos, por sus condiciones económicas, culturales o personales, de los
beneficios de la escolarización
Las desigualdades en cuanto a
la educación tienen hoy consecuencias, más allá de causar diferencias sobre las
oportunidades que vayan a tenerse.
En sociedades y culturas de ese tipo, la
persona no cultivada o con carencias y deficiencias notables en la educación
queda excluida socialmente, al ser impedida su participación plena en la
sociedad. La educación proporcionada por la escolarización obligatoria, igual
para todos, constituye un requisito que capacita para el ejercicio de la
ciudadanía plena.El derecho social a la cultura y a la educación tiene carácter
fundamental, no sólo porque de él depende la dignificación humana, al poder
enriquecer las posibilidades de su desarrollo, sino que lo es porque se
entrelaza con otros derechos civiles, políticos y económicos de las personas,
capacitándolas para el ejercicio de los mismos, posibilitándolos y
potenciándolos (MARSHALL y BOTTOMORE, 1998)
La virtualidad más
significativa que hoy desempeña la educación para todos es la de la
inclusión.Si no se dan las condiciones mínimas necesarias para que las
desigualdades puedan comenzar a corregirse, no sólo estamos ante un problema de
injusticia, sino ante el abismo entre seres humanos que no sólo discrimina a
los desfavorecidos, sino que los aparta definitivamente de la sociedad. En la
cultura actual, la desigualdad para penetrar en las sociedades del conocimiento
es de tal amplitud, quecadavezserequerirámásatenciónhacialosdébilesparaque no
queden definitivamente excluidos.La desigualdad implica distancia entre unos y
otros, la exclusión supone un alejamiento irrecuperable, la degradación del
excluido, que pasa a la categoría de negado.Ser más o menos educado, haber
disfrutado o no de la escolarización, es un problema de poder ser, estar y
sentirse como sujeto que se sabe a sí mismo actor en la sociedad, necesario e
importante para algo y para alguien. No haber dispuesto de esa posibilidad, no
sólo es un motivo de desigualación social, sino de apartamiento del mundo, con
imposibilidad de entenderlo y de ser alguien dentro del mismo y tener algún
papel en su transformación.
En la historia y en la
cultura, a la idea utópica de progreso le ha acompañado la utopía negativa que
estipula la decadencia en la historia, en la cultura y en el progreso (HERMAN,
1998). La fe y la esperanza en la educación escolarizada también cuenta con su
particular historia acerca de la falsedad de sus promesas, su decadencia, su
inutilidad y sus efectos perniciosos. ¿Es nuestro mundo un mundo mejor? ¿Acaso
no han tenido su origen en el seno de sociedades más escolarizadas las dos
grandes guerras mundiales, el fascismo, el holocausto o el terror atómico? ¿Por
qué —se pregunta STEINER (1998)— las barreras del humanismo fueron tan
ineficaces para frenar la barbarie en el siglo XX (siglo de la escolarización
universal)? ¿No habrá que admitir la tendencia al mal, el tanatos, como una
dimensión de la naturaleza humana indomable por la cultura y la educación? Si
las sociedades más escolarizadas no son mejores ni en ellas la felicidad es
demasiado corriente, ¿qué papel ha cumplido o ha dejado de cumplir la educación
en el hecho de ver fracasadas las esperanzas de redención puestas en ella? En
estas preguntas arranca un extenso y necesario programa de revisión de lo que
ha ocurrido, que aquí no nos es posible acometer.Nos queda la esperanza
racionalista en que hayan sido la modernidad mal desarrollada o el poco tiempo
de su aplicación efectiva las causas de esos fracasos, para poder seguir
manteniendo esa capacidad de seguir “soñando hacia adelante” de la que habla
STEINER.
El pesimismo en cuanto al
valor que se concede a la cultura, la falta de fe en que la ciencia y la
tecnología puedan incrementar la felicidad humana, la persistencia de fuertes
desigualdades en sociedades que creemos cultas, la pérdida de prestigio social
del hombre y de la mujer cultos, el rebrote del fascismo, la devaluación de la
democracia, la deshumanización de muchas de las prácticas educativas, la
persistencia del abandono escolar, las altas tasas de fracaso escolar, la
pérdida de presencia del Estado en la provisión de la educación, la
privatización de ésta… son razones, entre otras, que nos deben hacer pensar en
que el camino recorrido ha sido muy breve y que ha podido ser mal transitado.
La escuela no ha cumplido todo su programa y sus prácticas deben ser revisadas.

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