lunes, 17 de octubre de 2016


 
 
 
SECRETARIA DE EDUCACION PÚBLICA
¨CREN¨ MARCELO RUBIO RUIZ
 LORETO B.C.S
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN PRIMARIA
Capitulo IV
La educación obligatoria y el optimismo acerca del progreso.
                                   
 
MAESTRA: Alma Delfina González Mendoza
 
ALUMNOS:
Ulises Arvizu De Los Santos
Damaris Martinez Mayoral
olga Nataly Solorzano loera.
17/10/16.
 
 
La educación obligatoria y el optimismo acerca del progreso.

Es un proyecto optimista que debe ser extensible a todos, en tanto que se apoya en los valores de la racionalidad y de la democracia, que eleva la condición humana. Si es un derecho universal, a nadie se le puede negar.

La creencia en el principio de que todos son educables en alguna medida

La primera manifestación del optimismo que se deriva de la idea de progreso se expresa en haber convertido la educación obligatoria en un derecho de todos, lo cual implica el supuesto de que todo ser humano puede mejorar, puede ser educado y, por tanto, tiene que recibir educación. El proyecto moderno de educación es optimista acerca de las posibilidades de la naturaleza humana, y lo es también desde un punto de vista histórico, porque contribuye a la liberación exterior del hombre respecto de poderes que lo hacen “menor de edad”, como pensaba KANT. La ubicación del individuo en la sociedad y en el mundo queda a merced de lo que él haga y construya. La educación se ligó estrechamente a la esperanza de la liberación social de aquellos que obtuviesen los frutos que la educación promete, configurando una sociedad abierta y móvil, en la que la jerarquía establecida con respecto al binomio educación-profesión sustituye a las jerarquías debidas al origen familiar, del que no se liberará del todo. La educación moderna lleva consigo la promesa de liberar al hombre de las limitaciones de su origen, porque, desde esa mentalidad progresista, la circunstancia de haber nacido en un contexto y en unas determinadas condiciones es algo que se puede corregir, ya que el mundo que nos rodea ha sido construido y no viene dado por ninguna fuerza inamovible, por el destino o por la fatalidad, sino que es susceptible de ser vuelto a diseñar, como afirma HELLER. Lógicamente, si el mundo puede mejorar, es porque también pueden hacerlo de algún modo los individuos. Para que esta idea pueda sostenerse necesita de otra certidumbre, también optimista: la de que los límites de las capacidades psicológicas del individuo no vienen dados desde su nacimiento.

El proyecto moderno de educación es optimista acerca de las posibilidades de la naturaleza humana, y lo es también desde un punto de vista histórico, porque contribuye a la liberación exterior del hombre respecto de poderes que lo hacen “menor de edad”, como pensaba KANT.

La educación moderna lleva consigo la promesa de liberar al hombre de las limitaciones de su origen, porque, desde esa mentalidad progresista, la circunstancia de haber nacido en un contexto y en unas determinadas condiciones es algo que se puede corregir, ya que el mundo que nos rodea ha sido construido y no viene dado por ninguna fuerza inamovible, por el destino o por la fatalidad, sino que es susceptible de ser vuelto a diseñar, como afirma HELLER (1998, pág.165)

Este optimismo es el que da fuerza a la idea de progreso social sin exclusiones. Lógicamente, si el mundo puede mejorar, es porque también pueden hacerlo de algún modo los individuos. Para que esta idea pueda sostenerse necesita de otra certidumbre, también optimista: la de que los límites de las capacidades psicológicas del individuo no vienen dados desde su nacimiento.

Este optimismo antropológico parte del hecho básico de la plasticidad humana que se evidencia desde el nacimiento, la cual se convierte en una posibilidad asentada, paradójicamente, en la insuficiencia del recién nacido. Plasticidad quiere decir que el ser humano es moldeable en direcciones diversas en su desarrollo y que, por tanto, puede ser guiado.Esto no significa sólo indeterminación en abstracto, sino posibilidades de crecimiento en ciertas direcciones, y que ese desarrollo puede ser más o menos rápido, que pueda llegar a cotas más altas o más bajas.La dirección y el grado de incremento de posibilidades lo determinan y le prestan contenido los ambientes sociales, la cultura, la influencia familiar, etc.Somos tal como nos han hecho, como ha sido posible hacernosysegúnnosotroshemosreaccionadoanteesemoldeadoproveniente del exterior. La escuela es una institución que quiere guiar ese desarrollo de acuerdo con planes y directrices propios.

La relación entre la posibilidad del progreso, en general, y el “crecimiento”que en los individuos provoca la educación no siempre es evidente para todos, en el sentido de que en la vida social y en el medio escolar, no se acepta siempre que todos estén llamados a progresar ni, desde luego, que todos pudieran llegar a ser iguales.La historia de la progresiva implantación de la educación obligatoria ha tenido que enfrentarse con resistencias que creían poco en la universalidad de sus potenciales buenos efectos Para las posturas progresistas, que tienen su raíz en la visión optimista acerca de la bondad natural de los seres humanos y en la idea de la igualdad entre ellos, los límites de los sujetos tienen origen cultural y social. La cultura en la que se nace y de la que se nutre el desarrollo es lo determinante. La mente humana tiene una base biológica, pero lo que se haga con ella depende de las experiencias y de la cultura que dan contenidos a las capacidades posibilitadas por dicha base. El capital cultural externo puede ser apropiado subjetivamente en forma de capital mental por los seres humanos. La orientación que el giro cognitivo de carácter culturalista ha otorgado a la psicología ve la mente como algo que se materializa y se constituye en la cultura humana, especialmente gracias al lenguaje. El pensamiento abstracto no es otra cosa que lenguaje interiorizado. Capital cultural subjetivado o competencia cultural adecuadamente asimilada a modo de saber personal se constituyen en capital mental que se puede usar de diferentes maneras y en circunstancias muy diversas.

Las consecuencias prácticas que se derivan de los argumentos desarrollados en este punto se relacionan, pues, con la necesidad de evitar prácticas que excluyan a sujetos concretos o a grupos, por sus condiciones económicas, culturales o personales, de los beneficios de la escolarización

Las desigualdades en cuanto a la educación tienen hoy consecuencias, más allá de causar diferencias sobre las oportunidades que vayan a tenerse.

 En sociedades y culturas de ese tipo, la persona no cultivada o con carencias y deficiencias notables en la educación queda excluida socialmente, al ser impedida su participación plena en la sociedad. La educación proporcionada por la escolarización obligatoria, igual para todos, constituye un requisito que capacita para el ejercicio de la ciudadanía plena.El derecho social a la cultura y a la educación tiene carácter fundamental, no sólo porque de él depende la dignificación humana, al poder enriquecer las posibilidades de su desarrollo, sino que lo es porque se entrelaza con otros derechos civiles, políticos y económicos de las personas, capacitándolas para el ejercicio de los mismos, posibilitándolos y potenciándolos (MARSHALL y BOTTOMORE, 1998)

La virtualidad más significativa que hoy desempeña la educación para todos es la de la inclusión.Si no se dan las condiciones mínimas necesarias para que las desigualdades puedan comenzar a corregirse, no sólo estamos ante un problema de injusticia, sino ante el abismo entre seres humanos que no sólo discrimina a los desfavorecidos, sino que los aparta definitivamente de la sociedad. En la cultura actual, la desigualdad para penetrar en las sociedades del conocimiento es de tal amplitud, quecadavezserequerirámásatenciónhacialosdébilesparaque no queden definitivamente excluidos.La desigualdad implica distancia entre unos y otros, la exclusión supone un alejamiento irrecuperable, la degradación del excluido, que pasa a la categoría de negado.Ser más o menos educado, haber disfrutado o no de la escolarización, es un problema de poder ser, estar y sentirse como sujeto que se sabe a sí mismo actor en la sociedad, necesario e importante para algo y para alguien. No haber dispuesto de esa posibilidad, no sólo es un motivo de desigualación social, sino de apartamiento del mundo, con imposibilidad de entenderlo y de ser alguien dentro del mismo y tener algún papel en su transformación.

En la historia y en la cultura, a la idea utópica de progreso le ha acompañado la utopía negativa que estipula la decadencia en la historia, en la cultura y en el progreso (HERMAN, 1998). La fe y la esperanza en la educación escolarizada también cuenta con su particular historia acerca de la falsedad de sus promesas, su decadencia, su inutilidad y sus efectos perniciosos. ¿Es nuestro mundo un mundo mejor? ¿Acaso no han tenido su origen en el seno de sociedades más escolarizadas las dos grandes guerras mundiales, el fascismo, el holocausto o el terror atómico? ¿Por qué —se pregunta STEINER (1998)— las barreras del humanismo fueron tan ineficaces para frenar la barbarie en el siglo XX (siglo de la escolarización universal)? ¿No habrá que admitir la tendencia al mal, el tanatos, como una dimensión de la naturaleza humana indomable por la cultura y la educación? Si las sociedades más escolarizadas no son mejores ni en ellas la felicidad es demasiado corriente, ¿qué papel ha cumplido o ha dejado de cumplir la educación en el hecho de ver fracasadas las esperanzas de redención puestas en ella? En estas preguntas arranca un extenso y necesario programa de revisión de lo que ha ocurrido, que aquí no nos es posible acometer.Nos queda la esperanza racionalista en que hayan sido la modernidad mal desarrollada o el poco tiempo de su aplicación efectiva las causas de esos fracasos, para poder seguir manteniendo esa capacidad de seguir “soñando hacia adelante” de la que habla STEINER.

 

El pesimismo en cuanto al valor que se concede a la cultura, la falta de fe en que la ciencia y la tecnología puedan incrementar la felicidad humana, la persistencia de fuertes desigualdades en sociedades que creemos cultas, la pérdida de prestigio social del hombre y de la mujer cultos, el rebrote del fascismo, la devaluación de la democracia, la deshumanización de muchas de las prácticas educativas, la persistencia del abandono escolar, las altas tasas de fracaso escolar, la pérdida de presencia del Estado en la provisión de la educación, la privatización de ésta… son razones, entre otras, que nos deben hacer pensar en que el camino recorrido ha sido muy breve y que ha podido ser mal transitado. La escuela no ha cumplido todo su programa y sus prácticas deben ser revisadas.